Patxe y su edredón

En un mundo-edredón de rotos y descosidos

Vivimos en un edredón… desajustado

En un mundo-edredón de rotos y descosidos

Imagínate el mundo como un edredón.

Un edredón con su funda, su relleno y sus esquinas.

Un objeto cotidiano que cobija, que arropa, que da calor, que aporta confort y seguridad.
Pero también uno que, si no se cuida, se arruga, se coloca mal o se distribuye desigual, deja a muchas personas fuera.



Así es el mundo-edredón en el que vivimos.
Un edredón con múltiples capas —medioambientales, sociales, económicas, culturales…— que debería proteger a todas las personas… pero que está profundamente desajustado.

Un edredón con rotos y descosidos

El edredón-mundo tiene cuatro grandes esquinas.
Y cada una de ellas refleja desequilibrios, rotos y descosidos que se hacen evidentes:

-Recursos y espacios sobreexplotados, déficit de vivienda digna, pérdida de biodiversidad, contaminación, cambio climático…  
-Problemas para generar prosperidad, concentración de la riqueza, modelos de producción y consumo insostenibles, empleos precarios…  
-Desigualdades crecientes, grupos de edad y colectivos sociales en riesgo de exclusión, problemas en la prestación universal de salud, educación, servicios sociales o pensiones…  
-Pérdida de patrimonio cultural, pérdida de la identidad personal y colectiva, conflicto de identidades, xenofobias, crisis de valores democráticos, limitaciones a la creatividad y el talento…

Y además, está salpicado con grandes lamparones: crisis de valores democráticos, pérdida del sentido de lo común, falta de confianza mutua, populismos que simplifican lo complejo, dinámicas autoritarias que se extienden…
Todo ello nos deja con la convicción, cada vez más extendida, de que no estamos manejando adecuadamente el edredón.

Podemos remendar, coser y bordar el edredón

Muchos de estos desajustes han permanecido ocultos, parcheados o asumidos como inevitables.
Pero, al cambiar la mirada, cuando nos ponemos unas gafas con cristales más grandes y mejor graduados, empezamos a ver los rotos, los descosidos, las zonas descoloridas, los deshilachados, las manchas…
Y comprendemos que el problema no es el edredón sino cómo lo estamos usando, manejando y compartiendo.

Podemos ignorarlo, seguir tirando de nuestra esquina para intentar garantizarnos su calor y protección… 
O empezar a hilar, tejer, enhebrar, coser, bordar y remendar entre todas aquellas personas que estén dispuestas a ello.
El edredón no se arregla solo.
Hace falta ser consciente de los problemas, tener sentido de los demás, buscar el equilibrio, proceder con esmero y cuidado y dotarnos de conocimientos, destrezas y recursos que sostengan los cambios necesarios.
Pero, sobre todo, personas conscientes, activadas e implicadas con la tarea compartida.